Una joya del Renacimiento lombardo, con una plaza proyectada por Da Vinci, un castillo restaurado por Bramante, y toda una historia y cultura que gira en torno al Río Ticino y a la producción del calzado. Eso es Vigevano, un lugar fantástico, a una hora de Milán.

Poco más de 63 kilómetros separan a Vigevano de Milán. Tomando un tren desde la Estación Porta Genova se puede llegar en media hora, con un billete muy económico. Esta pequeña ciudad de 60 mil habitantes, centro industrial de importancia nacional dedicado a la producción del calzado es una verdadera joya renacentista.

Vigevano tiene un corazón antiguo que ha quedado prácticamente igual desde el Renacimiento. Fue justamente el Duque de Milán de aquella época, Ludovico el Moro, quien mandó a construir la Piazza Ducale, como antesala del bellísimo Castello Sforzesco de la ciudad. Para su creación, puso a trabajar a los más destacados artistas y arquitectos de la corte milanesa: Donato Bramante y Leonardo da Vinci.

Piazza Ducale de Vigevano

Los inicios

Este territorio está poblado desde la época pre-romana. El primer documento que habla de la existencia de Vigevano data del 963, el cual la figura como una fortificación en un lugar elevado. En el 1154 Vigevano fue concebida a Pavía por Federico Barbarroja, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Fue conquistada por los milaneses en los primeros años del 1200, y a partir del 1227 fue declarada como libre comune.

Entre los Siglos XIV y XV el borgo se convierte en feudo, primero con Della Torre y después bajo el poder de la familia Visconti,. Entre 1450 y 1535, llegarán los Sforza y la transformarán en lo que es hoy. Ya en el Siglo XIV los Visconti mejoraron las condiciones del borgo, sobre todo en lo urbanístico. De esta época se construye la «Roca» protectora de las fronteras y se mejora el castillo y los muros. Para el 1347 se hace la strata coperta (la calle cubierta), que conectaba el Castillo con la Roca, evitando pasar por el borgo. Los Visconti también dieron vida a dos puentes que atravesaban el caudaloso río Ticino, pero ambos fueron quedamos por los paveses durante algunas contiendas.

Para cuando en 1447 murió el último Visconti, Filippo María, en Milán un grupo de nobles proclamó la «Aurea República Ambrosiana», una revolución contra el heredero del duque a la que Vigevano adhirió. Francesco Sforza, quien contrajo matrimonio con la hija de Filippo María, asedió Milán para recuperarla, y también a Vigevano. La defensa de la ciudad quedó en manos de Camilla Rodolfi: hija de un comerciante de Vigevano que junto a un grupo de mujeres defendió su ciudad, tras la muerte de la mayoría de los hombres en los enfrentamientos precios. Después de 20 días de asedio, Camilla se rindió pero consiguió algunos privilegios comerciales y administrativos muy importantes.

Vista aérea del Castello Sforzesco de Vigevano

La llegada de los Sforza

En los primeros años del gobierno de los Sforza, Vigevano no ocupó un rol protagónico. Fue recién en 1480 con la llegada de Ludovico Sforza, el Moro, que la ciudad cobraría importancia. La familia ducal venía esporádicamente ya que las estructuras no eran adecuadas para la corte, el castillo era pequeño y no había lugar para toda la magnificencia cortesana.

Para la última década del 1400, Ludovico Sforza y su mujer, Beatrice D’Este tuvieron cada vez más presencia en Vigevano. El Moro mejoró el sistema de riego haciendo crecer la agricultura de la zona y construyó una granja modelo al sur de la ciudad, todavía en pie: el Colombarone della Sforzesca. Fue el propio Leonardo Da Vinci quien diseñó las estructuras escalonadas por donde escurre el agua, todavía funcionante.

Amplió el castillo, construyendo nuevas escuderías y edificios. La loggia delle dame, a falconería y sobre todo la torre, fueron encargados al arquitecto ducal: Donato Bramante. En 1494 terminó la Plaza Ducal bajo un proyecto de su artista preferido: Leonardo Da Vinci.

Pero el esplendor de la ciudad duraría poco: en el 1500 el Moro es vencido por los franceses, quienes ocupan la zona. Los años que siguieron estuvieron dominados por la ocupación extranjera y la pobreza. Para el siglo XVII, la llegada de los españoles coincidió con la epidemia de peste negra, y la ciudad debió enfrentar muchísimos asedios.

En 1645 Vigevano fue ocupada por Tommaso Savoia; en 1658 fue conquistada por los franceses, y después de una breve dominación austríaca, la ciudad pasó a ser parte del Reino de Cerdeña, con un paréntesis de dominación napoleónica.

Para el 1849, Italia luchaba por su independencia y Vigevano fue el escenario de la «Batalla de la Sforzesca», donde los piamonteses se enfrentaron a los austríacos, venciéndolos. En 1859 se convierte definitivamente en territorio de la Provincia de Pavía.

Piazza Ducale de Vigevano con al fondo la Iglesia de San Ambroggio

Industria

Con la llegada de la independencia italiana llega también la época de la Segunda Revolución Industrial, y la proliferación de industrias en el norte del país. En Vigevano nació en 1866 el birrificio Peroni. Unos años después, nace la primera industria del calzado: Luigi Bocca. Para el año 1937 ya habían 873 industrias que daban trabajo a unas 13 mil personas. Paralelamente al calzado, se difundió también la industria textil de la seda y el algodón.

En este lugar fue inventado el tacco a spillo (taco aguja), pero para comprender completamente cómo la producción de zapatos representa la mayor tradición artesanal de Vigevano, lo mejor es visitar el Museo Internacional de Calzado Pietro Bertolini, ubicado en el Castillo Sforzesco de Vigevano.

El Museo del Calzado cuenta, a través de una increíble visión general de los zapatos de todas las formas y todos los tiempos, con no pocos especímenes únicos y curiosos; en el museo se pueden ver zapatos de personalidades del mundo, desde Mussolini a los Papas.

Después del boom económico de los años ’50 y ’60, la ciudad inició un declino industrial, compensando en parte por el desarrollo de la industria metalmecánica siempre ligada al calzado: esta vez, a las maquinarias necesarias para su construcción.

Qué ver en Vigevano en un día